El doble estándar

Medio Oriente

Por Ricardo Israel

¿Habrá aumentado en Chile la judeofobia por Gaza? No lo noto, con la experiencia de muchos años como judío público defendiendo a Israel en los medios de comunicación. Más aún, tengo en mi bagaje dolorosas instancias de antisemitismo junto con mi despido de la U. de Chile que llevaron el caso (aunque se perdió) a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Incluso, dada la historia de nuestro pueblo y que este odio es el más antiguo y persistente del mundo, me sorprendería que no existiera. Lo que se dio fue una mayor masividad en las calles e injurias en las redes sociales, y la participación inédita de una funcionaria pública y una desafortunada decisión del gobierno. Pero nada al nivel de lo observado en Europa. Aceptando que la diatriba antiisraelí es la forma actual de ser antisemita, lo que si ocurre es que atacarnos por esa vía sale gratis, ya que no hay consecuencia alguna ni en condena social ni judicial, es decir, total impunidad. El tema no es de estos días, ya que la deslegitimación de Israel permite a un Jordi Castell llegar a TVN, a pesar de afirmar más de una vez que “ese país no existe”.

Lo que realmente me preocupa es el doble estándar y eso si podemos combatirlo. Es manifiesto no solo en organizaciones de derechos humanos y medios de comunicación, sino también en organizaciones políticas de izquierda, y también ahora en la derecha.

Así, poco y nada se dijo sobre el asesinato de tres adolescentes israelíes y que como estado de derecho, Israel haya procesado inmediatamente a quienes cometieron un asesinato en venganza, sin que nada similar ocurriera en el otro lado. Ninguna palabra sobre los esfuerzos israelíes para detener las muertes, avisando los bombardeos. Nada sobre las violaciones a los ceses de fuego como tampoco del tiempo que estuvieron detenidos los tanques en los bordes antes de ingresar. Tampoco, sobre los miles de cohetes disparados desde Gaza, del derecho de Israel a defender a sus ciudadanos, judíos, árabes o drusos.

Peor aún, se hablaba de la “resistencia” y ni siquiera se mencionaba el carácter terrorista de la organización. Mucho sobre las víctimas civiles de Israel pero poco sobre su utilización como escudos humanos por parte de Hamas, como tampoco del uso prohibido de escuelas y hospitales como lugares de ataque. Más visible aún si uno se pregunta quién ha salido a la calle por las 200.000 víctimas en Siria.

Se machacó con la ocupación cuando Israel se retiró el 2005 con el deseo de no volver jamás, para recibir como respuesta lluvia de cohetes y nada sobre que las primeras víctimas del golpe de estado de Hamas fueron centenares de militantes de su rival Fatah y de la Autoridad Palestina. Para que decir, de la forma como se dio como verdad el asesinato sin juicio de supuestos “colaboradores”, que es una práctica común para deshacerse de disidentes.

Ninguna mención a que Israel no solo es fuerte en lo militar, sino sobre todo en la innovación, las artes, la agricultura, la ciencia y tan- tas manifestaciones del espíritu. Jamás una entrevista con lo que no existe en el otro lado: pacifistas, en una sociedad ejemplarmente democrática. Cuando se destaca el tema de los refugiados palestinos, nada sobre los centenares de miles de judíos que debieron abandonar países donde habían estado miles de años antes que llegara el primer musul- mán, y basta observar lo que hoy ocurre en Irak para darse cuenta de la suerte que les esperaba.

Tampoco hubo mención al hecho que, salvo Qatar, no hubo país árabe que tuviera un verdadero apoyo a Hamas, partiendo por Egipto que tiene un bloqueo mucho más fuerte a Gaza que el de Israel. El temor a estos extremistas es tal, que las manifestaciones en la propia Cisjordania fueron limitadas.

El problema no es solo chileno, es en todo el mundo, pero algo debiéramos hacer al respecto. Al menos se me ocurren tres cosas: que aquellas figuras públicas de origen judío tomen posición al respecto y que los empresarios usen lo que disponen: el poder avisador. También desearíamos que quienes aparezcan a nombre de la comunidad lo hagan con conocimiento y seguridad para desenmascarar a sus contradictores.

Por cierto nadie pretende que no se le critique, ya que en pocos lugares el desacuerdo es tan fuerte como en el propio Israel. El tema es otro: que no se mienta tanto y que a Israel no se le apliquen criterios tales como negar su derecho a la existencia. ( La Palabra Israelita ).

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