El problema de fondo que explica los disturbios en el Monte del Templo

Medio Oriente, NOTICIAS

Por Ana Jerozolimski /

Este domingo han circulado imágenes de choques violentos en la explanada de las mezquitas en el monte sagrado en Jerusalem (Monte del Templo en la terminología judía, Haram el-Sharif en la musulmana) presentadas por los palestinos como prueba de acoso por parte de Israel y de hostigamiento a los musulmanes que subieron al lugar a orar en su día sagrado, al comenzar Id el-Adha, la Fiesta del Sacrificio.

Pero la verdad detrás de esas escenas es otra. Al menos, hay otra campana para escuchar.

Aproximadamente 60.000 musulmanes subieron desde temprano a la mañana al lugar para orar, con plena libertad. Ya bien temprano la Policía sospechó que se estaba preparando algo, ya que los musulmanes corrieron la hora de su plegaria matinal, al parecer para que choque con el planeado horario común de las visitas de los judíos al lugar.

En un intento de maniobrar en un delicado equilibrio en el lugar, la Policía decidió no permitir que no musulmanes visiten el lugar, debido a que se esperaba una multitud de decenas de miles de musulmanes.

Sin embargo parecería que al menos para un núcleo radical, alentado en parte por el propio Waqf –responsable de cuidar los santuarios islámicos- más importante que sus plegarias era impedir que judíos suban al monte sagrado.

Una de las pruebas del espíritu que se respira en el lugar, radicalizado por los sermones del Mufti palestino, la dio un cartel colocado hoy en el Monte con el saludo por la fiesta de Id el-Adha: de un lado, una imagen del otrora presidente de Egipto Muhamad Mursi, de los Hermanos Musulmanes, recientemente fallecido, y del otro, una foto de un miembro de Hamas uniformado con binoculares mirando a Jerusalem. Ese es el ambiente.

A pesar de la decisión policial de no permitir el ascenso de los judíos y turistas cristianos, varios cientos de musulmanes se mostraron decididos a impedir la entrada al lugar, emplazándose junto a la puerta de los Mugrabim, por la que ascienden al lugar los judíos y otros no musulmanes que visitan el Monte del Templo. Estaban dispuestos al parecer a impedir con su propio cuerpo que se realicen las tradicionales visitas. Tiraron piedras y otros objetos a los efectivos policiales. Según un testimonio que circuló de boca del propio Ministro de Seguridad Interna-pero que después no fue repetido- apedrearon también a los judíos que oraban abajo en la explanada del Muro de los Lamentos.

No podemos afirmar que durante la dispersión no haya habido ningún exceso. En este tipo de situaciones, ello es posible. También ocurre que cuando hay elementos nacionalistas en los grupos judíos, cantan y bailan en la puerta de acceso al Monte del Templo-lo cual la policía no permite cuando ya subieron- y eso saca a los musulmanes de las casillas.

Pero el tema central de fondo es que los choques ocurren porque los musulmanes no reconocen que el monte es sagrado también para los judíos y toman cada visita de judíos al lugar-por más que sólo recorren la parte exterior, sin entrar nunca a las mezquitas- como una provocación. Alegan que la afirmación judía sobre la existencia allí milenios atrás de los Templos sagrados, es una mentira histórica y de esta postura deriva toda la tensión.

Cada vez que suben judíos a recorrer el monte, aunque no entran a las mezquitas, los musulmanes lo presentan como “ataque” o “irrupción”. Recibimos constantemente fotos distribuidas por servicios de información palestinos sobre una diversidad de temas, entre ellos las visitas de grupos judíos al Monte. Aunque lo que muestren las imágenes sea simplemente gente caminando, el texto que las acompaña siempre es “irrumpen”, “invaden” o términos similares.

Los musulmanes son los únicos que pueden entrar siempre al Monte sagrado, por cualquiera de las puertas, a cualquier hora. A veces se limita la entrada a mayores de determinada edad, cuando hay advertencias de seguridad , para minimizar el riesgo de violencia. Pero la norma es que los musulmanes son absolutamente libres de orar cuando deseen, mientras que los no musulmanes, especialmente judíos, están liimtados en sus visitas al lugar a determinados días y ciertos horarios, y ascendiendo únicamente por la puerta de los Mugrabim, la que se halla sobre el Muro de los Lamentos.

Lo hemos visto personalmente en distintas ocasiones en las que hemos subido al Monte del Templo. Un guía israelí especializado en el tema, aclaró de inmediato: “puedes grabar, pero mejor no tomes apuntes, porque pueden pensar que estás con un libro de oración”.

Y la policía israelí se encarga de hacer cumplir las limitaciones, deteniendo a quienes parecen provocar orando en el lugar.

Dicho sea de paso, el Rabinato central de Israel no avala la subida de judíos a visitar el monte, por temor a que involuntariamente, se profane el sitio en el que se hallaba el “Kodesh HaKodashim” con el Arca de la Ley. A pesar de ellos, va creciendo la cantidad de judíos, en su mayoría religiosos, que suben de visita dado que la policía ha permitido mayor cantidad de grupos. Según el Ministro de Seguridad Interna la cantidad de visitas aumentó en un 350%. Los musulmanes, eso está claro, lo ven con preocupación.

Quiso el calendario que este año se dio una situación muy poco común: el primer día de la fiesta musulmana de Id el-Adha (la fiesta del Sacrificio) coincidió con Tishá BeAv, un día muy importante en el calendario judío. Lo común es que en días de fiestas musulmanas no se permite a judíos subir al Monte del Templo, por más que nunca entran a las mezquitas, debido a que en el lugar hay decenas de miles de musulmanes y se considera que no es recomendable aumentar el roce y así el potencial de choque. Pero como esta vez la fiesta coincidía con Tishá BeAv, fecha en la que hay judíos que desean subir a su sitio más sagrado, cuando ya habían terminado las primeras plegarias musulmanas se decidió revocar la prohibición a los judíos y se reabrió el monte. Como siempre, los judíos subieron escoltados por la policía. Por un lado, eso los protege. Por otro, los controla. Los musulmanes que aún estaban en el Monte “recibieron” a los judíos con gritos de “Ala hu Akbar”, Dios es grande. Lamentablemente, un concepto compartido por judíos y musulmanes creyentes, se ha convertido en un grito de guerra.

Es especialmente lamentable cuando recordamos que al construir en el monte el Domo de la Roca (en el año 691) y la mezquita de Al Aksa (710) , varios siglos después de la destrucción del Templo sagrado judío, el criterio principal del Califa Abd el-Malik era precisamente que allí había estado el Templo de Salomón, lo cual era una prueba de la santidad del lugar. La radicalización en el Islam y las consideraciones políticas de los palestinos, pretenden imponer una versión distorsionada de la historia.

Nos resulta especialmente triste recordarlo justamente cuando los musulmanes celebran la Fiesta del Sacrificio que señala la disposición de Ibrahim a sacrificar a su hijo para mostrar su devoción a D´s, así como el hecho que éste se salvó, y finalmente el padre sacrificó a un animal. ¿Por qué? Porque justamente en esta fiesta está uno de los símbolos más fuertes tanto de lo que puede unir, como de lo que separa: el Ibrahim venerado por los musulmanes, es nuestro patriarca Abraham, y el hijo que se salvó, para nosotros Itzjak, es su Ishmael.

Un trasfondo complejo como para hallar una solución.

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