La paz debe imponerse

Israel, NOTICIAS, Opinión

Marina Rosenberg, Embajadora de Israel en Chile
«Lo que estamos construyendo es un frente unido comprometido con la paz, la prosperidad y la estabilidad».
De esta forma, el canciller israelí, Yair Lapid, resumió los resultados de la Cumbre del Néguev, realizada a comienzos de esta semana, con la asistencia del secretario de Estado de EE.UU. y la participación de los ministros de Relaciones Exteriores de Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos y Bahréin, varios de ellos concretando así su primera visita a Israel.
Esta inédita cita multilateral en el sureño desierto de Israel se enmarca en la positiva atmósfera que se ha impuesto en la región tras los Acuerdos de Abraham. Recordemos que la firma de dichos acuerdos se concretó el 15 de septiembre de 2020 en Washington, y su puesta en vigencia ha abierto el espacio a la colaboración económica, tecnológica y académica entre Israel, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Marruecos y Sudán. A este círculo de la paz hay que sumar también a Egipto y Jordania, que mantienen relaciones con Israel desde 1979 y 1994, respectivamente.
Uno de los anuncios más relevantes de los cancilleres en el Neguev fue la decisión de convertir esta primera cumbre en un foro permanente, sobre la base de intereses y desafíos comunes. Y el canciller Lapid lo puso en estos términos: «Hoy estamos abriendo una puerta ante todos los pueblos de la región, incluidos los palestinos, y les ofrecemos sustituir el camino del terrorismo y la destrucción, por un futuro compartido de progreso y éxito».
La mención del canciller Lapid al terrorismo no fue una simple casualidad. Es que, en respuesta a esta cumbre de amistad, como ha sucedido tantas veces en la historia de Medio Oriente, el terrorismo intentó socavar el camino de la paz, a través de tres atentados registrados en territorio israelí, que dejaron a 11 civiles asesinados.
Así, a comienzos de semana un yihadista causó la muerte de cuatro civiles en Beer Sheva, al sur de Israel; algunos días después, dos terroristas armados abrieron fuego en pleno centro de Hadera, al norte del país, asesinado a dos israelíes e hiriendo otros 10; y posteriormente, en las afueras de Tel Aviv, otros cinco civiles fueron masacrados por dos terroristas.

El drama de estos acontecimientos tocó a los participantes de la cumbre, y todos los cancilleres manifestaron su condena y solidaridad con las víctimas y sus familias. Y lo propio hizo el presidente palestino, Mahmoud Abbas.
Pero, a pesar del terrorismo, de los obstáculos y de los desafíos geopolíticos, Israel sigue comprometido con la paz, al igual que en sus 73 años de vida.
La misma paz ofrecida en la Declaración de Independencia en 1948, en los Acuerdos de Camp David con Egipto en 1978 y en al Tratado con Jordania de 1994, se replicó hace un par de año con los Acuerdos de Abraham y ahora en la Cumbre del Néguev.
Las buenas vibraciones del Círculo de la Paz han irradiado incluso más allá. Así, Arabia Saudita ha abierto sus cielos al transporte aéreo israelí. Malaui ha declarado su intención de establecer su embajada en Jerusalén, e Israel formalizó su ingreso al Foro de Gas del Mediterráneo Oriental, que une a Grecia, Italia, Jordania, Egipto y la Autoridad Palestina. E incluso más, esta última se ha abierto a retomar el diálogo con Israel, y en esa línea se entienden las dos reuniones sostenidas por el presidente Mahmoud Abass y el ministro de Defensa de Israel, Benny Gantz.
En un mundo convulsionado por la guerra, resulta reconfortante que las iniciativas de paz provengan de una zona que tradicionalmente ha estado dominada por el conflicto. El ejemplo que dan Israel, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Marruecos, junto a Egipto y Jordania, nos llena de orgullo y nos hace pensar que la paz no es solamente un concepto retórico, sino que puede convertirse en una herramienta útil y efectiva para la cooperación internacional y el desarrollo sostenible, contribuyendo en forma crucial al bienestar y progreso de los pueblos.
Como hemos visto, la contra cara de la paz es el terrorismo, que se alza como una amenaza global que no distingue nacionalidades, religiones, condición socioeconómica, sexo o posiciones políticas.
Israel está fuertemente comprometido con la paz, el diálogo y la justicia, poniendo su mirada en la seguridad y bienestar de las futuras generaciones y no en los rencores del pasado. Por eso, tras esta Cumbre del Néguev, junto a nuestros nuevos amigos, reforzaremos nuestro compromiso con la paz y no nos rendiremos hasta alcanzarla.

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