Palabras de Gerardo Gorodischer, acto central Iom Hashoa 2022

ANÁLISIS / OPINIÓN, Chile, Holocausto, Judaísmo, NOTICIAS, Shoá

Como dijo el pastor luterano alemán Martin Niemöller: “Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, ya que no era comunista………

Sí: todos conocemos este escrito…sigue con los sindicalistas, llega a los judíos y termina con: “Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar por mí”.

Este poema habla de la indiferencia.

La indiferencia que mostraron la mayoría de los 32 países que en la Conferencia de Evian (1938) expresaron su pesar por los refugiados, pero se negaron a admitirlos, la indiferencia de quienes impidieron la entrada de 937 personas que viajaban en el barco St. Louis, escapando del horror nazi, la indiferencia de millones de personas que no quisieron ver los campos de concentración que se construían en las cercanías de sus ciudades, ni de las fumarolas de los hornos crematorios.

Si hay algo que permitió la implementación de la «Solución Final»…fue la indiferencia.

¿Cuántas veces nos hemos preguntado por qué no se bombardearon las líneas férreas que llevaron a la muerte a millones de judíos, gitanos, personas con discapacidad, homosexuales y disidentes políticos, ¿entre muchos otros?

Expertos en estrategia militar e ingenieros, han explicado por qué no era posible. Pero es legítimo seguir preguntando.

Se dice que la Agencia Judía suplicó por esta alternativa a las autoridades británicas, pero el Ministerio del Aire se rehusó a actuar. Algo similar habría ocurrido con EE.UU.

Quizás cientos de miles de personas podrían haberse salvado de los campos de exterminio. Cabe preguntarse si se trató de una real imposibilidad técnica u operativa o de…indiferencia.

Los trenes siguieron funcionando y fueron la razón del rápido avance de la Solución Final. Después de conculcar sus derechos civiles, los judíos fueron confinados en guetos, allí, muchos murieron de hambre y enfermedades; otros fueron trasladados a campos de concentración para ser gaseados, cremados, torturados y sujetos a horrores indecibles.

El viaje era el punto intermedio.

Me pregunto qué habrán pensado, qué habrán sentido con el resonar de los rieles: asfixia, hambre, sed, la humillación de sus necesidades humanas, el hedor de la orina y del excremento.

Mucho antes de la Segunda Guerra, en 1915, Sigmund Freud lo dijo muy claramente: “…… Allí donde la comunidad se abstiene de todo reproche, cesa también el control de los malos impulsos y los hombres cometen actos de crueldad, malicia, traición y brutalidad, cuya posibilidad se hubiera creído incompatible con su nivel cultural”.

El Holocausto es la muestra más patente de la asociación de estas variables

Abstenerse del reproche al que alude Freud, significa: INDIFERENCIA.

Pero este sicoanalista judío hace una tríada, sumando crueldad y nivel cultural.

En este sentido: ¿Reprochamos nuestra inacción ante el drama humano o el papel que tenemos en la lucha contra la desigualdad, la violencia de género, las dictaduras, los atentados, la falta de justicia, el negacionismo, la cultura de la cancelación y la negación del otro?

En todo esto, la indiferencia genera destrucción, maldad y odio. Y no…. NO importa el nivel cultural.

Como decía Hilel (Pirkei Avot), ¿im lo ani mi li?

Si yo no estoy para mí, ¿quién lo está?

pero el sabio se pregunta a continuación:

Y si sólo estoy para mí ¿qué soy?

El judaísmo nos enseña que debemos cuidarnos, pero que también tenemos una responsabilidad con los demás, y para eso: tenemos que dejar de ser indiferentes.

Si Freud hubiera presenciado los horrores del Holocausto, diría que el nivel cultural de Europa, sus Nobeles, su arquitectura, el desarrollo que representaba el tren… se encontraron con la falta de reproche.

Es justamente, la indiferencia de la que he hablado.

Y ya conocemos sus consecuencias: la brutalidad, la crueldad de un régimen que creó la Solución Final casi sin contrapesos.

Que nuestro desarrollo como sociedad nos lleve a un mayor nivel de conciencia y de empatía, para preguntarnos ¿QUÉ SOY, SI ESTOY SOLO PARA  MÍ?

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