Las innovaciones agrícolas israelíes mantendrán alimentado al mundo

Ciencia y Tecnología, NOTICIAS

Foto: Jan Kopřiva/Unsplash
Por Abigail Klein Leichman
Cuando entre 2015 y 2017 dirigió un equipo multinacional de investigación y desarrollo de 250 empleados para el mejorador de semillas Hazera de Israel, la ingeniera química Dganit Vered descubrió algo que cambió por completo el enfoque de su carrera: “Viajé por el mundo, conocí a los miembros de mi equipo y vi que los problemas eran mucho más grandes que los que podían resolverse con las semillas”.
Luego de haber trabajado 17 años en Intel Israel y más tarde en una empresa farmacéutica y de semillas, Vered pensó que podía ayudar.
En mayo de 2021 fue nombrada directora ejecutiva de Smart Agro Fund, una asociación pública de investigación y desarrollo fundada en 2020 para promover nuevas empresas que abordan grandes problemas en la agricultura.
Es interesante que dganit es una flor que crece cerca de los campos de cereales y vered es el nombre hebreo para la rosa.
Tal como se estima que para 2050 la población mundial alcance los 10.000 millones de habitantes, los productores ya saben que deben producir más alimentos en condiciones cada vez más difíciles: climas extremos, fuerte escasez de mano de obra, falta de agua, muerte abejas polinizadoras y tierra no cultivable.
“Para poder alimentar al mundo vamos a tener que aumentar los rendimientos en un 50 por ciento con un 50 por ciento menos de recursos. Hacia ahí nos dirigimos con el cambio climático”, afirmó ”, dice Vered.
Smart Agro Fund cuenta ya con seis empresas de cartera. Vered se familiarizó con el amplio panorama de aproximadamente 350 startups israelíes de tecnología agrícola que lideran el sector en áreas que van desde el riego de precisión hasta la reutilización de aguas residuales y el cultivo de semillas.
La siguientes son algunas de las soluciones que hay para los problemas más apremiantes de la actualidad en lo referido a la producción de alimentos.

Agricultura regenerativa
La erosión del suelo es un factor clave en la pérdida de tierras cultivables.
El suelo desgastado por el cultivo intensivo y la fumigación química produce menos cultivos y más emisiones de carbono.
Un dato: la agricultura representa alrededor del 27 por ciento de las emisiones de CO2 en todo el mundo.
“Vemos que el suelo se vuelve mucho menos fértil y pierde su fuerte capacidad de retener carbono y eso es por las prácticas agrícolas como la labranza, cuando se remueve el suelo y las bacterias que capturan carbono debajo se exponen al aire y al sol”, explicó la especialista.
Esta situación fue lo que dio lugar al movimiento de agricultura regenerativa. “Se trata de mantener el suelo saludable, fortalecer su contenido del suelo y tratarlo con respeto”, indicó.
Diferentes grupos multinacionales pagan para implementar prácticas de agricultura regenerativa en las huertas que los abastecen. Estas incluyen cultivos de cobertura fuera de temporada para reponer el suelo y riego de precisión en lugar del riego por inundación o canaletas.
Un ejemplo es el de PepsiCo, que comenzó a aplicar el riego por goteo por gravedad de N-Drip de Israel entre sus productores en 60 países con el objetivo de reducir las emisiones de CO2 hasta en un 83 por ciento y las de metano hasta en un 78 por ciento.
Otras técnicas son el pastoreo de ganado, los pesticidas biológicos y la rotación de cultivos. “Los cultivos específicos tienen impactos particulares en el suelo y si se sigue cultivando lo mismo, el suelo se agota. La rotación de los cultivos como las cebollas y las papas es muy común pero no se hace lo suficiente”, describió Vered.
Muchas compañías israelíes permiten la aplicación de la agricultura regenerativa al ayudar a los agricultores a reducir el uso de productos químicos.
Por ejemplo, Greeneye Technologies, reduce el uso de herbicidas con un sistema de fumigación inteligente alimentado por inteligencia artificial (IA) que trata solo los cultivos alimentarios y no a las malas hierbas.

Greeneye toma imágenes del campo con cámaras ubicadas en la barra de cualquier pulverizador. Foto cortesía de Greeneye
Metabolic Insights usa tecnología de punta para aislar y comercializar compuestos de origen vegetal para protección y productividad de cultivos.
Por su parte, GroundWork BioAg desarrolló un proceso asequible para producir micorrizas, un hongo que funciona en simbiosis con las raíces de las plantas para reducir la necesidad de fertilizantes y ayudar a las plantas a enfrentar factores dramáticos como la sequía.

Granjeros robóticos
Según Vered, la falta de mano de obra -y los costos de recursos humanos asociados- impulsa hoy la evolución de alternativas mecanizadas para tareas agrícolas no calificadas.
En otra línea, Blue White Robotics ofrece un kit que hace que cualquier tractor sea autónomo y un software que permite a un operador humano gestionar una flota de vehículos agrícolas independientes como tractores, robots y drones.

Automato Robotics desarrolla una fuerza laboral automatizada para invernaderos. Controlados desde una sola plataforma, sus robots pueden cosechar, rociar, polinizar e inspeccionar cultivos de interior como los tomates.

Tevel Aerobotics Technologies crea robots autónomos voladores que recogen frutas en huertas de cualquier tamaño. La inteligencia artificial los dirige a las más maduras para recogerlas.
La tecnología Greenhouse Robotic Worker (GRoW) de MetoMotion cosecha tomates de invernadero y analiza datos para la estimación del rendimiento y la detección del estrés vegetal.
A su vez, BetterSeeds altera la arquitectura de muchos tipos de cultivos para habilitar la selección de máquinas y aumente el rendimiento.

 

Soluciones animadas
“Otro gran problema de la agricultura mundial es la muerte de las abejas. Esos insectos están al borde de la extinción. Israel es muy fuerte en tecnologías que se ocupan de este problema, y las soluciones que existen son muy amplias”, afirmó Vered.
Ese es el caso de Polly, una plataforma robótica de Arugga AI Farming, que hace polinización artificial en invernaderos de tomate.
Montados en pistas entre hileras de plantas, los robots de Arugga usan IA para determinar la preparación de cada flor para ser polinizada, algo que resuelve perfectamente dos problemas: la falta de abejas y de mano de obra.
En la misma línea, Edete Precision Technologies for Agriculture brinda “polinización artificial!” que ya demostró que aumenta el rendimiento de los huertos de almendros. El sistema refleja la acción de las abejas al recolectar, almacenar y distribuir el polen a las flores.
Otra solución son las colmenas inteligentes de BeeHero, que cuentan con monitoreo, recopilación de datos e información procesable automatizada para aumentar la eficiencia de la polinización natural.
Las colmenas robotizadas con energía solar de BeeWise albergan cada una a 24 colonias, lo que permite a los apicultores cuidar a sus abejas de forma remota con la ayuda de la visión por computadora y la IA.
Fuente: ISRAEL21c

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